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MANZANAS VERDES

 David vive en el Barrio del Silencio, justo al lado de la carnicería de Antonio, que está casado con Felisa desde antes de nacer. Felisa va todos los días al mercado calle abajo, y se detiene a observar el escaparate de "La Pequeña París", una tiendita de lencería de la jovencísima Susana. Susana, sabe que Felisa jamás entrará a comprar. No tiene tallas para su hermoso cuerpo. Y se dedica a mirarla con cierta tristeza desde su nuevo mostrador, que encargó al carpintero del Barrio, Felipe. Felipe, lleva semanas reclamándole el pago a Susana, ésta se hace la tonta y no contesta a los mensajes. Felisa, termina su recorrido por el escaparate, ve a Susana preocupada dejando el móvil sobre el hermoso mostrador. "Todas tenemos problemas de peso" piensa aliviada y sigue su camino hacia el mercado. Allí va al puesto de frutas, David le sonríe. "¿Qué se llevará hoy la mujer más bonita del Barrio?" Ella se sonroja. Pide lo primero que ve, "ponme manzanas verdes

CREER

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 En ciertos instantes, encuentro a ese Dios en el que nunca he podido creer. *

TORMENTA

 Aguanté toda esa lluvia que me caló cuando te esperaba. La gente corría calle arriba buscando guarecerse. Sentí la terrible necesidad de quedarme ahí; sin tiempo, sin voz. Sólo el aguacero y yo. Quizá siempre supe que aquella tarde no llegarías. Y quise ser víctima del temporal, deseé tanto que un rayo me matara. Aún hoy, después de varios meses, siento la humedad en mi cuerpo, y como las lágrimas calentaban lo poco que quedó de mí. *

Los Bares del Diablo

 Nunca bebí coñac, pero esta noche deseo tomar algo que me queme la garganta. Siempre fui un hombre débil, lo sé, no lo pude evitar. Mi madre invirtió mucho tiempo en esa labor, transmitió de manera efectiva sus miedos a mi cuerpo. Crecí con toda esa mierda revoloteando en mi sangre, se hacía mayor a la vez que yo. Cincuenta y largos, porque hace veinte que olvidé mi edad, flaco, pues los huesos ganaron la batalla al hambre, y me duelen, cada día se retuercen para brindarme la necesidad de tomar drogas. Pero no le echaré toda la culpa al dolor, tampoco a mi madre. Soy un adulto sin fuerza, un tío que se arrastra a la barra de un bar para poder mojarse en algo que arda, porque de las mujeres no sé nada desde hace décadas. La soledad tiene cosas terribles, he podido hablar con mi muerte, la he mirado a los ojos muchas noches y, algunas, ha llorado por mí. Es que ni ella me quiere, la muy zorra se aleja cuando entre alcohol y ansiolíticos le suplico que me haga el amor. No es negra como m

D

 He dejado de escribir. Si la felicidad está con uno, ya no hay letras que valgan. Pero te debía un trozo de esta intimidad mía. Aunque sea mínimo, aunque a lo mejor, nunca lo leas... *

O te

 Despelare o te corpo paimado al moe. Dasí  fiero le vida entera. *

CANDADOS

Saquemos el amor, lo ensucia todo. Bueh, pondremos un poco de música, Beethoven en Do mayor, o algo menos sinfónico, pero sin otoños, sin estufas, ni ese ocre que tanto jode. Ahora dibujemos distancias, las marcaremos con rotulador negro, no me miren así, dibujen líneas en el aire, puertas, candados, tablones. Cerremos todos los pestillos, las calles, nuestros ojos. Tapémonos los oídos, que no entre nada de dulzura, ni la tibieza de los sentimientos que decidimos sacar desde un inicio. Por lo que más queráis, no escuchemos su voz, ni su nombre, ni ese latido que expande cuando te capta. Corramos, marchémonos lejos, desdibujemos las líneas, los cerrojos, las puertas cerradas, destruyamos todo lo que hemos construído para que no entre. Intentémoslo al menos, aunque sea en vano, aunque nos persiga porque realmente, nos corre por la sangre, latiendo y manchando todo lo que nos forma... saquemos el amor, ensucia tanto... duele y duele.  *