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MANO

Estoy sola, como esos números de teléfono pegados en las ventanas. O como el despertador detenido hace años en algún cajón. Estoy tan sola como esta mano que lo escribe. Sola con esta mirada, que me salva de ser muerte antes que cadáver, o ser olvido antes que yo.

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MÉTRICA

Nunca podré escribirte un poema. Créeme, lo he intentado. Primero en mi cabeza, después en algún ticket del supermercado, hasta en el espejo del baño, con el vapor escribí algo. Pero soy mujer de palabras justas. De esas que salen cuando sólo las necesito, se estancan y forman pantanos llenos de frases espantosas; "buenos días, un kilo de peras, o las tres en punto". El que no te escriba ese poema, no significa que no exista. Porque yo te veo en todos los sitios en los que no estás, hasta puedo tocar tu pelo, a veces sujeto tu mejilla, para pedirte ese beso. Todo se precipita en mi pecho, se amontona violentamente. Supongo que el amor es tanto que nada puede calmarlo, y las palabras, menos. Pero, quería regalarte un poema, leí muchos y tan buenos. Nunca podré escribirlo, amor, la métrica se desarma con todos mis latidos, las manos se me enfrían, y no saben hacer otra cosa, que buscar tu aliento, tu abrigo.

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RUIDO

De mis ojos se marchó la noche. Estoy sola con toda esa luz que tanto molesta. Duermo cada vez menos, y las madrugadas son todas iguales, llenas de ruido. Cada paso hacia algún rincón de la casa, es agotador. La vida está tan cansada como yo, debo conciliarme con ella, meterla en esto que le queda a mis huesos, ir juntas, de aquí, para allá. Si al menos, se durmiera un poco, yo cerraría los ojos, y recuperaría esas noches en las que podía respirar al mismo ritmo que la paz.
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